Al momento de tomar decisiones en el mercado financiero, el inversor cuenta con dos grandes corrientes de análisis, el análisis fundamental y el análisis técnico. Ambas corrientes tienen como principal premisa intentar identificar y anticiparse a un comportamiento futuro del mercado, sea este en sentido alcista o bajista, ya que lograr dicho cometido permitirá obtener altos retornos de la inversión.
Sin embargo, el análisis técnico siempre ha sido más resistido entre los participantes, debido a que la conclusión que se extrae de dicho análisis es considerada muchas veces como abstracta y con poco sustento, ya que la misma no se puede explicar desde un punto de vista racional sino que las explicaciones de dicha conclusiones van atadas a la definición de las herramientas técnicas propiamente dichas. A pesar de ello, en lo últimos años el análisis técnico ha logrado ganar bastantes adeptos y ello se debe principalmente a la dinámica que tiene dicho análisis con respecto al fundamental, una dinámica que va más alineada a la volatilidad que han tomado los mercados en este tiempo.
De hecho, ha sido a partir de esta abstracción y de la dinámica que posee el análisis técnico, lo que la ha convertido al día de hoy en las mesas de dinero de las principales instituciones financieras del mundo en una herramienta imprescindible de consulta al momento de tomar decisiones, principalmente debido al poder predictivo que ha tomado en momentos donde el mercado se satura, sea esta saturación a la baja provocando grandes depresiones ó al alza provocando grandes “burbujas”.